Octubre de 2000

Sydney 2000: ¿los juegos verdes?


Ana Gallardo/Almudena Alameda

La XXVII edición de los JJ.OO. modernos tuvo lugar en la capital de Australia, Sydney, del 15 de septiembre y al 2 de octubre. Los Juegos del año 2000 pretendían pasar a la historia como los Primeros Juegos Verdes. ¿Lo consiguieron?

El respeto al Medio Ambiente. Ése fue el motivo principal por el que el COI (Comité Olímpico Internacional) otorgó a Australia en 1993 la celebración de los primeros Juegos del milenio. Uno de los argumentos de peso en esta elección era, sin duda, el "atractivo" medioambiental que la ciudad candidata aportase, ya que el COI había anunciado que el Medio Ambiente pasaría a cobrar un papel fundamental a la hora de valorar las candidaturas de las distintas ciudades. De hecho, el COI sitúa al Medio Ambiente como la tercera dimensión del Olimpismo (las dos primeras son el Deporte y la Cultura).

Cegados por el ambicioso proyecto de albergar unos JJ.OO., el COS (Comité Olímpico de Sidney) acudió a la organización ecologista Greenpeace para que apoyara su campaña. El comité se comprometió a llevar a cabo numerosas labores ecológicas: reciclaje de agua, empleo de energía solar, no utilización de PVC o HCFCs, uso de materiales de construcción renovables y reciclados, utilización de madera sacada de repoblaciones de bosques, fabricación de entradas en papel reciclado, recogida selectiva de basuras, etc. Greenpeace vio en ello una gran oportunidad para exportar desde el movimiento olímpico una imagen verde al resto del mundo.

Qué era y qué es la villa olímpica

Una vez otorgados los Juegos del año 2000 a Sidney, se comenzaron los trabajos que debían poner a la ciudad a punto para esta gran cita deportiva. La tarea no era fácil, ya que el lugar elegido para ubicar la Villa Olímpica era el mismo donde estaba situado el vertedero más tóxico de Australia. Pese a apoyarse en argumentos ecológicos para ganar la candidatura olímpica, en los terrenos escogidos para ubicar la Villa Olímpica se encontraron dioxinas, plaguicidas químicos, arsénico, cadmio, plomo y un sin fin de metales pesados, además de un depósito de armamentos. Este lugar era la Bahía de Homebush donde van a parar los lixiviados de estas toxinas. Los lodos de la zona son una de las mayores concentraciones de estos materiales en todo el mundo, ya que son las consecuencias de la actividad que durante la guerra de Vietnam fabricaba el Agente Naranja.

Aunque el proyecto verde debía ir tomando forma, muchas de las ideas iniciales fueron arrinconándose. Greenpeace, el perro guardián del proyecto, hizo saltar la voz de alarma y no tardó en denunciar cómo el COS descartó el diseño ecológico elegido para la Villa, se incorporaron HCFCs, PVC y para limpiar el vertedero más tóxico del país se decidió agregar un metro de tierra rematada con césped y árboles. ¿El motivo?: ahorrar gastos, por lo que se llegó incluso a amontonar lodos para construir un mirador en la villa.

Durante los cuatro años que dura la Olimpiada -el periodo de tiempo entre cada celebración de los JJ.OO.- Greenpeace y numerosas asociaciones ecologistas vigilaron con cautela las actuaciones del Comité Organizador de los Juegos. Había muchas esperanzas puestas en que la difusión de la importancia de la Ecología, las alternativas a las industrias contaminantes y la regeneración de zonas afectadas por residuos y productos tóxicos recibirían un fuerte impulso.

Aunque en Australia se seguía trabajando para la consecución de la mayor parte de los objetivos iniciales, a los ya denunciados aspectos se unirían otros: el uso continuado de ozonos, la limpieza de la bahía de Homebush, el control de los productos y las acciones de los patrocinadores. Los ecologistas acudieron al Comité Internacional para que recordara al Comité organizador las pautas que se establecieron en 1992 con respecto a los Juegos Verdes, especialmente cuando a cinco meses del comienzo de los mismos y debido a reducciones presupuestarias, la unidad medioambiental de la organización fue reducida a cero. Los ecologistas pusieron el grito en el cielo reclamando el cumplimiento de los objetivos y promesas que otorgaron los Juegos del 2000 a la capital australiana.

La bahía de la discordia

Lo más preocupante era, sin duda, la contaminación de la bahía de Homebush. Ya en 1997 Greenpeace denunciaba el problema, recibiendo contestación por parte del Gobierno australiano de que la zona estaría limpia para el comienzo de la competición. A primeros de agosto de 2000, la Bahía permanecía contaminada y no tardaron en llegar las protestas. Activistas de las asociaciones se desplazaron hasta allí para reembalar barriles que perdían toxinas debido a la corrosión de los tambores provocada por su prolongado almacenamiento. Esta Bahía se sitúa a sólo dos kilómetros de los alojamientos de los atletas y se prevé construir allí en el futuro viviendas para 6.000 residentes.

Era fundamental limpiar los sedimentos contaminados en la bahía y acabar con los residuos químicos de la península adyacente. En algunas zonas se llegaron a utilizar métodos que permitían limpiar cantidades enormes de tierra mediante tratamientos de calor. Si esto se aplicara a la totalidad de la Bahía podría significar un éxito en la lucha por el medioambiente y un gran legado para los Juegos del 2000.

Valoración general

Pese a los mencionados y numerosos problemas relacionados con los estándares medioambientales prometidos por la organización de los JJ.OO. celebrados en Sydney, hay que reconocer que también existieron otros muchos factores positivos. En las Olimpiadas de Sydney llevaron a cabo también considerables avances en varios ámbitos: construcción, energía, reducción de sustancias tóxicas, etc, por los que estos juegos consiguieron, por lo menos en parte, transmitir la "imagen verde" con la que se "vendieron" en un principio. Por una parte, la energía solarproporcionó el agua caliente, para lo cual las viviendas se orientaron en la forma en que mejor se podían aprovechar los rayos solares. La Villa se convirtió en la mayor concentración residencial del mundo con agua caliente por medio de energía solar. Además, todas las instalaciones fueron construidas teniendo en cuenta el tipo de materiales. De esta forma, se redujeron en hasta un 80% los componentes de PVC, se utilizaron cementos con componentes reciclados, pinturas de baja emisión… Igualmente se instaló una planta de tratamiento de aguas residuales en la Villa con niveles muy avanzados que aseguraron una reducción superior al 50% de la demanda de agua potable. Las aguas depuradas se utilizaron para los servicios, el regadío, los estanques, etc.
En cuanto a los medios de transporte, se eliminaron los privados, dando total preeminencia al público. La línea de ferrocarril se extendió considerablemente y se instalaron autobuses de gas natural. Para compostar los restos de comida se establecieron granjas de lombrices y todas las viviendas de los atletas contaron con zonas reforestadasen el exterior.
No hay duda de que todo ello repercutirá a nivel mundial y en la asignación de futuras sedes para los Juegos Olímpicos. Además, Greenpeace ha elaborado una guía que trata de asesorar a los países que aspiran a albergar futuras ediciones olímpicas. Esta guía verde advierte de la necesidad de tener en cuenta los temas medioambientales antes de comenzar la construcción de las instalaciones, así como de hacer públicos los compromisos que se adopten.
Esta organización ecologista ha hecho pública también una valoración medioambiental de estos JJ.OO., analizando los diversos aspectos de la política sobre Medio Ambiente que llevó a cabo la organización de Sydney 2000. Greenpeace ha valorado de forma positiva o muy positiva las acciones realizadas en las siguientes áreas:
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Villa Olímpica: tratamiento de las 400 toneladas de residuos tóxicos con dioxinas encontrados. Evitó la utilización de la incineración y convirtió estos peligrosos residuos en inertes.
· Ciudad de los atletas: eliminación o reducción de hasta un 80% del PVC para cableado y materiales de construcción.
· Reciclaje de materiales de construcción: se puso en práctica un sistema de separación y reciclaje de restos de este tipo.

Sin embargo, la organización de las Olimpiadas de 2000 no llegó al aprobado en otras cuestiones como:
· Bahía Homebush: incumplimiento de la promesa de realizar una limpieza de esta bahía y de los antiguos terrenos pertenecientes a la Union Carbide. Estas zonas muestras altos niveles de contaminación por dioxinas, furanos y otras sustancias tóxicas y constituye uno de los cinco canales fluviales más contaminados en el mundo (no hace falta decir que pescar en esta bahía es ilegal).
· Aguas fecales: no se han introducido sistemas de tratamiento de aguas fecales adecuados, por lo que los vertidos de estas Olimpiadas terminarán en el Océano Pacífico.
· Programa de reciclaje: no se han hecho los esfuerzos suficientes para eliminar los materiales no recicables y no reutilizables de la Villa Olímpica.

Después de los Juegos

Los terrenos que albergaron los JJ.OO. de Sydney, mejorados desde el punto de vista medioambiental aunque no tanto como se prometió en un principio, seguirán conservándose después de los Juegos gracias a los 12 millones de dólares que el Gobierno del estado de Nueva Gales de Sur ha destinado para su seguimiento y gestión. La estrategia de corrección, un proyecto de la OCA (Autoridad de Coordinación Olímpica), se basa en un acuerdo con Greenpeace para no trasladar los desechos a otra parte y no repetir así los errores cometidos.
Los Juegos Olímpicos de Sidney 2000 serán recordados como los primeros juegos verdes de la historia, pero arrastrarán tras de sí una sombra demasiado oscura. Su nombre: la Bahía de Homebush. Está en mano de los próximos comités organizadores que esa sombra no siga creciendo.