Febrero de 2001

EL DEBATE DEL AGUA: PLAN HIDROLÓGICO NACIONAL

RUBÉN GONZÁLEZ DÍAZ

En la pasada campaña electoral, el Partido Popular puso en la mesa un plan de redistribución del agua. Éste consiste en un trasvase del Ebro hacia los demás ríos de su vertiente. La necesidad imperante de acabar con una reforma que lleva muchísimo tiempo en espera, la lucha contra la sequía, el aprovechamiento del agua..., son asuntos que están quedando eclipsados por un debate de marcado acento político entre el Gobierno, la Oposición y las Comunidades Autónomas.

EL PLAN HIDROLÓGICO NACIONAL

España necesita un Plan Hidrológico Nacional para paliar la sequía que sufren ciertas zonas del país por falta de precipitaciones, principalmente en el sudeste español y las cuencas interiores de Cataluña, y también por una necesidad de renovación de las infraestructuras hidráulicas actuales, así como la reutilización y mayor eficiencia en el control y gestión del agua. Además, la población española se concentra sobre todo en el litoral mediterráneo (30%) y las previsiones establecen que en los próximos años la población crecerá sobre todo ahí, lo que agravará el problema del abastecimiento en el área mediterránea.

En España llueven 346.000 hm3 de agua al año de los que se recogen anualmente 110.000 hm3, de los cuales 90.000 se vierten directamente al mar, casi nueve de cada diez litros. Sólo 3 o 4.000 hm3 serían suficientes para cubrir el déficit hídrico que afecta al sudeste mediterráneo.
La demanda de agua es de 35.000 hm3. El abastecimiento a la población supone el 14,5% del consumo total de agua en España:

.- 60/65% consumo doméstico,
.- 25% pequeñas industrias,
.- 10/15% servicios públicos),
.- 80% el regadío
.- y el 5,5% la industria.

En el supuesto de que no existiera agua embalsada ni pantanos, sólo podría atenderse adecuadamente el 8% de las necesidades de suministro. Como media, cada español consume 326 litros diarios de agua (119 m3 anuales). El incremento previsto de la demanda de agua a poblaciones a medio plazo (año 2005) es del 15% y a largo plazo (año 2015) del 36% respecto a la que había en 1995.

El 80% del consumo va destinado al regadío. Los regadíos ocupan el 15% de la superficie agrícola útil, pero de ellos se obtiene el 55% de la producción agrícola. La mejora de la eficiencia en los sistemas de riego se presenta por tanto como "una de las fuentes potenciales más importantes para reducir la demanda hídrica". Según el Plan Nacional de Regadíos la superficie de actuación de mejora supera el millón de hectáreas y podría suponer un ahorro global de agua de 1.876 hm3/año, de los que 261 Hectómetros cúbicos corresponderían a la cuenca del Júcar y 152 al Segura. En total, el ahorro del agua destinada a regadío sería de un 11% (9% de ahorro en la cuenca del Segura).

En 1998 el Partido Popular realiza un estudio para reanudar la tarea pendiente desde la legislación socialista. Se recogerá en El Libro Blanco del Agua. El PHN será uno de los objetivos al empezar la nueva legislatura.
El 14 de julio de 2000, el Consejo de Ministros aprueba un plan de inversiones de 3 billones de pesetas, que incluye las infraestructuras y obras hidráulicas que deben efectuarse hasta el 2008.
El 5 de septiembre el Gobierno entrega el anteproyecto de la ley del PHN al Consejo Nacional del Agua para que lo estudie y elabore un informe no vinculante sobre la mejor solución. Se abre un debate social con todos los implicados.

El borrador del Plan Hidrológico Nacional prevé estas líneas de actuación:

1. Mejora de la gestión, renovación y modernización de las instalaciones actuales.
2. Depuración de las aguas y su reutilización.
3. Trasvase de cuencas excedentarias a cuencas deficitarias, siendo este el punto más controvertido. Las cuatro posibilidades que ofrece para la cuenca del sudeste son:

- Desde el río Ebro, a la Comunidad Valenciana, Murcia y Almería.
- Del Alto Duero, que sería insuficiente y requeriría también agua del Ebro.
- Desde el Bajo Duero, opción cara y con consecuencias ambientales sensibles.
- Del Tajo a través del acueducto Tajo-Segura, aunque necesitaría tomas del Ebro.

Para solucionar las deficiencias en Cataluña, y en especial en el área de Barcelona, existen tres alternativas:

- Trasvase desde el Bajo Ebro, aprovechando infraestructuras existentes.
- Desde el Ródano, mucho más caro debido a que se trata de un río francés.
- Del río Noguera -Pallaresa desde el embalse de Talarn.

La solución que apadrina el Gobierno es la de los trasvases desde el Ebro, al tratarse de la solución más económica por ser la que supone menos costes de ejecución de obra (unos 600.000 millones) y menos impacto ambiental, al no tener que construirse nuevos canales o embalses. Los usuarios que se beneficien de los trasvases; esto es regantes, población urbana..., que finalmente se lleven a cabo, pagarán 52.000 millones al año en concepto de canon de trasvase (unas cinco pesetas por metro cúbico). De estos, el 50 por ciento será para amortizar las infraestructuras, y el resto para la gestión y mantenimiento de las obras. El otro 50%, para compensar a las cuencas que ceden el agua, el PHN contempla el pago de un canon destinado a medio ambiente.

Actualmente, las opiniones contrarias a la realización de estos trasvases son las cuencas cedentes (que pretenden obtener el mayor beneficio posible al trasvase del agua) y las asociaciones ecologistas.

ALTERNATIVAS AL PLAN

Existen alternativas al Plan que se centran en impedir la desaparición de determinadas tierras y poblaciones históricas, y en reducir el impacto ambiental. Para lograr estos objetivos, Ecologistas en Acción y otras Plataformas en defensa de los ríos y las cuencas, se esfuerzan en frenar la construcción masiva de presas.

La inversión en la reutilización de las aguas es la alternativa que han propuesto. Para el año 2015, los planes hidrológicos de cuenca preveen un volumen de utilización de agua regenerada de 1.100 hm3/año frente a los 200 hm3/año actuales. La desalación es otro "muy importante" recurso. Actualmente supone una aportación del ciclo hidrológico de unos 222 hm3/año.

Los ecologistas exigen que la política del gobierno vaya destinada a reducir el consumo en lo que llaman una correcta gestión del agua. Sus críticas al respecto se basan en que la mayoría de las confederaciones hidrográficas, al no haberse desarrollado plenamente, son incapaces de conocer y adecuar las concesiones vigentes. Disminuir pérdidas en las redes de abastecimiento y saneamiento, mejorar la calidad del agua y desarrollar tecnologías de desalación, que tendrían un menor impacto medioambiental que las presas, conllevaría a un ahorro del 50% del agua.

Otras medidas como el uso de acuíferos, que en algunos lugares pueden almacenar cantidades muy considerables de agua y que han venido siendo sobreexplotados en los últimos años, no pueden ser considerados como un recurso renovable ya que pueden tardar varias decenas de años en regenerarse. Estas reservas podrían ser empleadas en casos críticos temporalmente, nunca incrementar los recursos de forma permanente. En todo caso su utilización sería aconsejable siempre que el bombeo no superara la recarga natural del acuífero.

Con la depuración de las aguas en las zonas costeras se podrían recuperar 40 hectómetros cúbicos, con la modernización de regadíos, canales y conducciones se recuperaría el 50% de lo que se pierde, sin contar con el 90% reutilizable del consumo industrial.

Otra medida, destinada a evitar la pérdida de agua por sequía y la evaporación, consistiría en la reforestación. Por ejemplo, las inversiones destinadas por la Administración en materia de infraestructuras equivaldrían, si se emplearan en la reforestación, la recuperación de cien hectómetros cúbicos, mucho más de lo que contendría la presa del río Grande.

En lo relativo al impacto medioambiental que genera el Plan, los ecologistas han destacado: la posible desaparición del Delta del Ebro, la inundación de valles del Pirineo, la evaporación de las aguas, la salinización de tierras, la reducción de niveles freáticos y afecciones sobre fauna y flora por pérdida de caudal ecológico, lo que afectaría a 82 lugares de interés, y con especial gravedad a 18 especies protegidas y 14 hábitats de la Red Natura 2000. La mayor parte de los espacios en los que se van a construir una presa o embalse tienen solicitada a la Unión Europea su inclusión en la lista de lugares de interés comunitario.

Por otro lado, los agricultores aragoneses, también se han manifestado en contra del Plan, y se han aducido en su contra soluciones alternativas para evitarlo, ya que son unos de los principales afectados por la cesión del agua.

Pero no han sido los únicos en alzar la voz de protesta. En la Comunidad Valenciana, también hay voces disidentes respecto al trasvase del Júcar al Vinalopó (una parte de la cadena que llevará el agua del Ebro a Benidorm y Murcia). La continua roturación de montes y el impacto ambiental del canal del trasvase son los principales argumentos de la oposición de los regantes levantinos. Con el trasvase al Vinalopó peligran los regadíos del Júcar y la conservación de La Albufera.

En ese aspecto, se defiende que primero se aplique el Plan Nacional de Regadío, y que se desarrollen completamente las cuencas hidrográficas en la regulación de los ríos, para ver cual será su verdadera capacidad. Eso llevaría entre 10 y 20 años, y a partir de ahí se podría empezar a hablar sobre la cesión de las cuencas excedentes a las deficitarias.

Las propuestas alternativas van destinadas a la mejora de las infraestructuras ya existentes como canales, depuradoras y sistemas de riego, y las críticas al uso que se hará del agua. Por el contrario, apuestan por invertir los 7.000 millones presupuestados para plantas desalinizadoras y para la reorganización del sistema de regadío como alternativas más baratas al PHN. También están en contra de que se amplíe la superficie de regadío en España.

El PLAN HIDROLÓGICO EN EL DEBATE POLÍTICO


El 5 de septiembre el Gobierno entregó el anteproyecto de la ley del Plan Hidrológico Nacional al Consejo Nacional del Agua para que lo estudiase y elaborase un informe no vinculante sobre la mejor solución. Este ha sido el inicio de toda la discrepancia política y social que tuvo uno de sus puntos culmen en la manifestación que el día 8 de octubre congregó en Aragón a más de 300.000 personas.

La Comisión Permanente del Consejo Nacional del Agua dio el pasado día 22 de enero el visto bueno al PHN y en especial al trasvase del Ebro a las cuencas deficitarias del Mediterráneo sur. En esa reunión, de sólo 3 miembros de la Comisión, pertenecientes a la representación de Aragón, Castilla La-Mancha y grupos ecologistas, se manifestarón en contra. A la vez, que la Comisión recomendó que se hiciera otro trasvase desde el Guadiana al Guadalquivir.

El Consejo Nacional del Agua, que está integrado por miembros de las Administraciones central, autonómicas y locales, Confederaciones Hidrográficas, regantes, usuarios, expertos y ecologistas, en total 91 miembros, aprobó definitivamente el proyecto presentado por el Ministerio de Medio Ambiente el día 30 de enero por 69 votos a favor, 14 en contra y una abstención. Posteriormente, el Gobierno hará suyo el dictamen, en el que según todos los indicios, mantendrá casi todas las medidas propuestas inicialmente, para pasar a enviarlo al Parlamento, con la finalidad de que sea ratificado.

Con la aprobación de este dictamen, el núcleo del Plan Hidrológico, que propone un trasvase del Ebro a la costa mediterránea, no ha cambiado en su cuantía (que prevé unos 1.050 hectómetros cúbicos anuales) ni ha sido cuestionada su viabilidad. Sin embargo, el Plan ha sufrido algunos cambios debido a las abundantes alegaciones que sobre éste se han presentado. La mayor parte de las modificaciones introducidas, tras el estudio de las alegaciones, son de carácter ambiental (su borrador inicial carecía de esos matices). Otras son fruto de negociaciones con las comunidades autónomas y con los regantes, el sector que más hincapié ha hecho para salvaguardar sus intereses.

Entre las modificaciones, se encuentra el cambio efectuado en su artículo 16, que establece que el citado trasvase no se podrá llevar a cabo si no circula por el río "un caudal superior a la suma del mínimo ambiental fijado en el Plan de Cuenca del Ebro". El único punto que la comisión ha dejado sin tratar se refiere al reparto de los más de 3 billones de pesetas de inversiones en obras hidráulicas. Un plan de inversiones que el Ministerio de Medio Ambiente negocia con varias Comunidades Autónomas, y que contempla más de 400.000 millones de pesetas para proyectos pendientes en Aragón, autonomía que se ha opuesto desde un principio al desarrollo del proyecto.

Los trasvases que había antes de la Ley de Aguas (1985) se regularán por sus propias leyes, siempre que no se opongan al Plan Hidrológico. Quedarían como subsidiarias algunas normas del plan de la cuenca del Tajo (se ha recurrido ante el Supremo por los regantes del trasvase Tajo-Segura), que impone unas reservas de 260 hectómetros en la cabecera del río, así como la obligación de que se atiendan con estas aguas los abastecimientos de la llanura manchega (en la cuenca del Guadiana) con preferencia al trasvase del Segura.

Cada año se trasvasará un volumen bruto de 1.050 hectómetros cúbicos de agua desde el Ebro con el siguiente reparto: 190 para Cataluña, 315 para la Comunidad Valenciana (Júcar), 450 a Murcia y zonas limítrofes (Segura) y 95 para Almería. También se prolonga la conducción del minitrasvase actual Ebro-Tarragona hasta Barcelona con el mismo caudal, cuatro metros cúbicos por segundo, siempre que no se comprometan las garantías de los regantes del delta. Esta prolongación supondrá un reajuste en las concesiones actuales


El embalse de Alarcón, propiedad de Iberdrola y los regantes del Júcar, con capacidad de 1.113 hectómetros cúbicos, servirá de canal para el trasvase Tajo-Segura. El Gobierno pasará a utilizarlo también como almacén de agua, a cambio de indemnizar a sus propietarios, tanto por el agua que se evapore, como el lucro cesante o el vertido de agua que no pueda ser turbinada. Los usuarios del Tajo-Segura también contribuirán a los gastos de mantenimiento de la presa.

Para compensar a Aragón, el plan declara de interés general todas las obras incluidas en el Pacto del Agua de Aragón, que incluyen varios embalses e infraestructuras para regadíos y abastecimientos. Sólo se utilizarán como reservas para el trasvase los embalses de Mequinenza y Ribarroja. No obstante, se podrán usar, previo pago de una tarifa, las infraestructuras de nueva creación y las existentes en las cuencas afectadas, incluidas las de tránsito, teniendo en cuenta el carácter preferente de los usos propios de la cuenca".

Respecto a inundaciones y sequías, las poblaciones de más de 20.000 habitantes diseñarán planes de emergencia, con indicadores de alerta, para afrontar las sequías. Las administraciones delimitarán las zonas inundables. El Ministerio de Medio Ambiente debe suscribir convenios con las administraciones locales para erradicar las construcciones ilegales dentro del dominio público hidráulico o zonas inundables.

Finalmente el Ministerio de Medio Ambiente promoverá la instalación de dobles redes de distribución urbana, el uso de especies vegetales de jardinería urbana que demanden poca agua y el fomento de aguas recicladas.

Aunque todavía hay que esperar su tramitación en las Cortes Generales, en estas conclusiones podremos esbozar las bases del proyecto que se aprobará.