| Septiembre de 2000 |
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A la espera de un acuerdo con Marruecos Ana
Belén Gabaldón. Han pasado casi nueve meses desde que expiró el acuerdo que permitía faenar a los barcos comunitarios en los caladeros marroquíes. Y desde entonces hasta ahora, una voz se ha escuchado por encima de las demás, y los que comulgan con esa voz no paran de repetir que “Marruecos y la UE están condenados a entenderse”. Sin embargo, son los pescadores los que en estos momentos están condenados, condenados a tener sus barcos amarrados, a observar el deterioro de los mismos y a vivir de subvenciones que también se acaban.
El primer encuentro entre el responsable de pesca marroquí, Thami
Jiari, y el portavoz de los intereses comunitarios, Stefen Smidt, resultó
ser estéril. Esto provocó que el ánimo de los pescadores
se calentara e hicieran uso de un derecho que por fortuna no se acaba,
el de manifestarse, e incluso algunos se atrevieron a lanzar una amenaza
de boicot a los productos marroquíes. Lo cierto es que la firma de nuestros vecinos se está haciendo esperar. Los argumentos formales de Rabat para negarse son dos: el temor a la competencia de la flota dedicada al cefalópodo y el temor a la degradación de los recursos.
Es necesario hacer un inciso para desmentir el segundo argumento. Superarrastreros
holandeses y noruegos pescan desde enero en aguas de Marruecos y Mauritania
gracias a acuerdos privados entre los propios armadores y los gobiernos
de estos países, y, estos buques ya capturan más pescado
que toda la flota española que faenaba allí antes de la
finalización del acuerdo, entonces, ¿dónde está
esa voluntad de prote Lo que sí cabría exigirle al ministro Arias Cañete, es que, teniendo en cuenta que España es el país de la UE más interesado en impulsar las negociaciones porque es el que cuenta con la mayor flota y el mayor mercado, realice el mayor esfuerzo posible para que las conversaciones lleguen a buen puerto, y nunca mejor dicho. |
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