Septiembre de 2000

A la espera de un acuerdo con Marruecos

Ana Belén Gabaldón.
    Desde que se firmara en 1979 el Primer Protocolo Transitorio en Rabat con vigencia de seis meses que permitía la pesca en aguas marroquíes, la flota dependiente de Marruecos ha reducido significativamente su número, pasando de 1.260 buques a principios de los años 80 a 606 en la actualidad. A pesar de ello, los caladeros marroquíes siguen siendo los más importantes para el sector pesquero español porque generan un empleo cercano a los 7.900 marineros, de los cuales el 39% se encuentran en Andalucía, el 33% en Galicia y el 24% en Canarias.

    Han pasado casi nueve meses desde que expiró el acuerdo que permitía faenar a los barcos comunitarios en los caladeros marroquíes. Y desde entonces hasta ahora, una voz se ha escuchado por encima de las demás, y los que comulgan con esa voz no paran de repetir que “Marruecos y la UE están condenados a entenderse”. Sin embargo, son los pescadores los que en estos momentos están condenados, condenados a tener sus barcos amarrados, a observar el deterioro de los mismos y a vivir de subvenciones que también se acaban.

    El primer encuentro entre el responsable de pesca marroquí, Thami Jiari, y el portavoz de los intereses comunitarios, Stefen Smidt, resultó ser estéril. Esto provocó que el ánimo de los pescadores se calentara e hicieran uso de un derecho que por fortuna no se acaba, el de manifestarse, e incluso algunos se atrevieron a lanzar una amenaza de boicot a los productos marroquíes.

Es cierto que hasta los más pesimistas esperan que antes de final de año se consume el tan traído y llevado acuerdo, y ello seguramente se debe a que los del otro lado del estrecho somos conscientes de que Marruecos necesita de la ayuda de Europea para impulsar sus sectores industriales.

    Lo cierto es que la firma de nuestros vecinos se está haciendo esperar. Los argumentos formales de Rabat para negarse son dos: el temor a la competencia de la flota dedicada al cefalópodo y el temor a la degradación de los recursos.

    Es necesario hacer un inciso para desmentir el segundo argumento. Superarrastreros holandeses y noruegos pescan desde enero en aguas de Marruecos y Mauritania gracias a acuerdos privados entre  los propios armadores y los gobiernos de estos países, y,  estos buques ya capturan más pescado que toda la flota española que faenaba allí antes de la finalización del acuerdo, entonces, ¿dónde está esa voluntad de proteger los recursos?

Pero el mayor enigma es otro. Arias Cañete afirma que Marruecos le ha confirmado que esos buques no tienen licencia porque en el actual marco legal marroquí no caben las concesiones de licencias privadas ni los acuerdos bilaterales con países de la UE. Entonces, si esto es así, ¿por qué no se expulsan? ¿Es comprensible? Teniendo en cuenta esto, se entiende que la Asamblea de Marineros en Loita do Morrazo (Pontevedra) no se muerda la lengua a la hora de asegurar que si todavía no se han conseguido acuerdos es porque se están buscando otras salidas de carácter empresarial.

    Lo que sí cabría exigirle al ministro Arias Cañete, es que, teniendo en cuenta que España es el país de la UE más interesado en impulsar las negociaciones porque es el que cuenta con la mayor flota y el mayor mercado, realice el mayor esfuerzo posible para que las conversaciones lleguen a buen puerto, y nunca mejor dicho.